Y ahí estaba: prácticamente sin darme cuenta la semana había pasado y el día de relax programado estaba delante de mí. El Centro Tacha lleva abierto apenas un mes y yo no había podido acercarme todavía para conocerlo porque la programación de Natalia no me daba ni un respiro: masajes, relajación, hasta hidratación capilar. En eso iba a consistir toda la mañana y parte de la tarde del sábado: en cerrar los ojos y no pensar en nada más que en relajarme y en dejar que me hicieran mimos. Seguro que esto que digo no es ninguna novedad para ninguno de vosotros, pero los madrugones hay que combatirlos sí o sí porque llega un momento en el que el hecho de acostarse a las 22:30 no te soluciona nada… Así que puse el teléfono en modo avión y, ¡chao mundo!

La primera impresión nada más llegar al lugar fue tal que tanto los ojos como la boca se me abrieron de par en par, ¡qué lugar! El Centro Tacha es de esos sitios a los que cuando llegas parece que una fuerza poderosísima y celestial te estuviera llamando desde su interior y no puedes evitar el que tus piernas anden prácticamente solas hacia dentro. Carlos vino a mi encuentro y con una sonrisa me dio la bienvenida y me dijo que hacía tiempo que me esperaban y que tenían preparado algo muy especial para mí. Así que –yo aún masticando una galleta Tosta Rica que llevaba en el bolso a modo de desayuno– tragué y respire hondo. Mi sábado comenzaba. Empezamos por el mundo relax corporal con un masaje Tacha bio energético que se hace a mano y ventosas y que drena en profundidad, descontractura y equilibra la energía. Vamos, un popurrí de cosas que me venían de maravilla. Me tumbé en la camilla de una sala concebida para la relajación y en la que los profesionales del centro se emplean a fondo para que te olvides del mundo, mientras ves el cielo directamentea través de las claraboyas.

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Tras una hora de masaje llegó la fase número 2, un masaje subacuático que relaja, desintoxica y realiza una relajación muscular profunda. Este se aplica en una sala en cuyo centro hay una bañera gigante en la que te sumerges y una manguera (tipo bombero) que hay debajo el agua te recorre todo el cuerpo con más agua a presión y tú notas como cada músculo vibra y se relaja. Después de media hora de placer, cual pollito mojado me puse el albornoz y recorrí de nuevo esos pasillos blancos cuidadosamente iluminados que me llevaban a la fase número 3 (Sí, sí, ¡un completo en toda regla!). Era el turno de un tratamiento facial Tacha top secret que empieza con el equipo symmed de radio frecuencia que reafirma, hidrata y desestresa el tejido; después va seguido del laser de Diodo Alia con el que con sus distintas longitudes conseguimos iluminar, cerrar el poro, desinfectar, reafirmar… tiene una potente acción antiedad y todo esto va unido a unos activos exclusivos Tacha de caviar blanco y colágeno. ¿Como os quedais? Lo único que puedo decir es que el resultado es absolutamente espectacular.

Yo parto de la base de que mi poro no es fácil y que por mucho que lo limpie la suciedad siempre acaba entrando porque lo tengo un poco abierto y es complicado mantenerlo a raya. Pero ahora mismo noto muchísimo los resultados, como la uniformidad en la piel y, sobre todo, la hidratación y la oxigenación. He de confesar que durante todo el proceso cayó alguna que otra cabezada; espero que me entendáis, a estas alturas llevaba aproximadamente casi 4 horas de relajación absoluta y mis párpados no lo aguantaban más y tuvieron que descansar. Entre oxigenación y oxigenación noté que mi cuerpo se relajaba tanto que empezaba a flotar y volvía en mí de vez en cuando sintiendo una pistolita que emanaba oxígeno puro directamente sobre mi piel y sobre una mascarilla que había sobre ella. Y su voz me despertó sacándome prácticamente de un sueño profundo con un “Blanca, ya hemos terminado”. Poco a poco intenté estirar las piernas y los brazos disimuladamente y de nuevo me quedé mirando aquella claraboya que me teletransporta directamente al cielo. Con una parsimonia increíble me levanté, admiré por última vez esa sala, me vestí y pase a la última fase. Tocaba peluquería y manicura.

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Volví a recorrer aquellos pasillos que desembocaban en una sala especialmente ambientada y construida para que el momento peluquería fuera inolvidable. Había unos sillones con masaje incluido que se tumbaban a 180 grados y en los que mientras te hacían un tratamiento capilar podías relajarte estando tumbada prácticamente como en tu cama. Me lavaron, me trataron y me peinaron mientras tenía un tratamiento de parafina en las manos. Y cuando todo aquello acabó solo deseaba que volviera a empezar, que sonara el despertador y que el sábado comenzase de nuevo para hacer otra vez un intensivo en aquel sitio.

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Y es que es de esas experiencias que, de vez en cuando, una debe regalarse, porque te colocan otra vez en tu sitio y en tu ser y te preparan para afrontar otra tanda de semanas y semanas de largo y duro trabajo. La diferencia es que esta vez las encaras con energía y las pilas cargadas. ¡Fue, sin duda, algo que recomendaría una y mil veces sin parar! Y es que frenar, parar en seco aunque solo sea una hora, y dedicártela a ti misma es muy importante. Incluso, si me apuras, no es necesario salir de casa. Con hacer simplemente aquello que te haga sentir bien y relajada en el sofá de tu casa a veces es suficiente. Pero lo importante es que esos minutos no se pierdan porque acaban siendo la esencia de lo que tú eres. Como la recuperación de la energía que en un día día ajetreado se te escapa sin que lo sepas… pero en el que si te echan una mano como la que me ha echado Tacha este sábado, esas horas te saben a gloria.

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Con amor,

B.

¿¿Jugamos una partida??