Sota, caballo y rey. Nacimiento, bautizo, escuela, trabajo y muerte. Preliminares, coito, orgasmo. El acto sexual en el siglo XXI sigue estando tan previsiblemente guionizado como el capítulo de una comedia televisiva, aunque nos guste pensar que somos los más aventureros en la cama. Al fin y al cabo, lo que funciona, funciona, ¿verdad? Y si algo no está roto, no hay por qué arreglarlo.

Ello sería cierto si no fuese porque, como desveló una reciente encuesta realizada por el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana, las mujeres (especialmente, las heterosexuales) tienen menos orgasmos que los hombres. En concreto, un 61,6% frente al 85,5%. Algo no funciona, y frente a lo que muchos aducen para justificarse, no se trata del cuerpo femenino.

Aún es demasiado común que se discuta el orgasmo femenino como un misterio para el mundo científico, cuando no lo es

Esta es la principal tesis de un nuevo documental dirigido por Charles Borowicz, Barnaby Aaron y Trisha Borowicz a partir de las investigaciones de esta última, una bióloga molecular muy interesada por el orgasmo femenino. El largometraje, que ha sido galardonado con el premio al mejor documental y mejor director en Imaginarium 2014, se sumerge en el mundo femenino para explicarnos por qué lo estamos haciendo tan mal. Y no es ningún misterio. Una de las razones que la página web de la película expone como motivación es que “aún es demasiado común que se discuta el orgasmo femenino como un misterio para el mundo científico, cuando no lo es. De hecho, se conoce bastante bien”.

El truco está en la mano

El principal problema que Borowicz detectó respecto a la falta de satisfacción femenina se encontraba en la constante reproducción de los mismos esquemas una y otra vez. Habilidades que se aprenden en el porno (o en el cine convencional) y que tan sólo consiguen que el hombre alcance el orgasmo mientras piensa que ha hecho todo lo que estaba en su mano para procurar el placer femenino. En definitiva, se trata de hacer unos preliminares –la palabreja de moda– más o menos largos y lanzarse al coito, fin absoluto de todo encuentro sexual.

¿Vaginal o de clítoris? Seguramente, lo segundo. (Corbis)
¿Vaginal o de clítoris? Seguramente, lo segundo. (Corbis)

El gran problema, sugiere la autora del documental, es que las mujeres no suelen alcanzar el orgasmo a través de su vagina. “Nuestra cultura está obsesionada con describir e idolatrar los orgasmos vaginales como la expresión sexual definitiva”, explica Borowicz en una entrevista en Salon. Para sorpresa de muchos, esta visión del cuerpo femenino no se remonta a muchos siglos atrás, sino a comienzos de los años 80, cuando la sociedad empezó a obsesionarse con el punto G como si este fuese el cerrojo mágico que encierra el placer femenino. Basta con que el pene lo acaricie durante la penetración para desencadenar cascadas de placer.

En realidad, es mucho más sencillo que todo eso, lo que pasa es que resulta mucho menos apasionado que un coito salvaje en la cama. La mejor forma para conseguir que una mujer alcance el orgasmo es acariciando el clítoris, una forma de estimulación que proporciona satisfacción a casi todas las mujeres. Tan sólo un pequeño porcentaje señala haber gozado durante el sexo vaginal, así que, se pregunta el documental, ¿por qué insistir con prácticas que no resultan satisfactorias?

El mundo nos enseña a llegar al orgasmo de formas que no son físicamente posibles

Borowicz explica que las reacciones hacia la película, que por ahora está siendo exhibida a pequeños grupos y que probablemente no gozará de una gran distribución –debido a la temática que trata, será prohibida para menores de 18 años–, han sido reveladoras. “Dos mujeres me dijeron que la película había cambiado por completo su visión de la vida sexual”, explica la autora en una entrevista en Entertainment Magazine. “Una de ellas sentía que había vivido una mentira durante los últimos 35 años y que tenía que hablar seriamente con su marido”.

El orgasmo de cada día

Aunque la tesis principal de la película es desmontar el mito vaginal para reforzar el clitoridiano, su autora considera que cada persona debe ser la que averigüe qué es lo que la satisface sin que sea la costumbre lo que lo imponga. “Cada uno tenemos que descubrir por nuestra cuenta cómo orgasmar en un mundo que continuamente nos modela y nos enseña a hacerlo de formas que no son físicamente posibles”, explica en Salon.

El documental recoge algunas cuantas ideas que intentan desmontar nuestra ideología respecto al placer femenino. Por ejemplo, y como reproduce el medio americano, no hay nada que proporcione un orgasmo más intenso que la mano de la propia mujer acariciándose a sí misma. A continuación, se encuentra ser acariciada por otra mano (sea de hombre o de mujer). Completando el podio aparece por primera vez el pene, pero no durante la penetración, sino utilizado de forma semejante a un vibrador. Se trata de la conclusión a la que llegaron los veteranos –y olvidados, hasta que una serie de televisión los ha rescatado– Masters & Johnson a mediados de los años sesenta.

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¿Qué más deberíamos saber? Que la vagina es tan poco sensible que en muchos casos se puede practicar cirugía en ella sin anestesia; que las mujeres no tardan más que los hombres en alcanzar el orgasmo, sino que es la estimulación equivocada lo que alarga el acto hasta que se da equivocadamente a la hembra por un caso perdido o una frígida; y que, aunque muchas mujeres reconocen poder tener orgasmos vaginales, ningún experimento realizado en un laboratorio ha sido capaz de reproducir uno de forma artificial.

¿Llegará el día en el que el hombre deje de penetrar a la mujer salvo por motivos meramente reproductivos?

La clave quizá se encuentre en cambiar nuestra visión de la sexualidad a todos los niveles. Como recuerda la película, la educación sexual generalmente se centra en evitar el embarazo a través de métodos anticonceptivos para el coito, pero nunca proponiendo otras alternativas como la masturbación mutua, una práctica más segura y, en muchos casos, más satisfactoria que el sexo convencional. ¿Llegará el día en el que el hombre deje de penetrar a la mujer salvo por motivos meramente reproductivos?

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