Buena Vida

La titánica labor de ser madre, esposa y trabajadora

Las mujeres desempeñamos un sinfín de tareas que no reciben el reconocimiento que merecen.

Soy Carmin

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Soy Carmin

Hace unos días me encontré con una amiga que hacía mucho tiempo no veía. Al verla, comprendí de inmediato que al igual que ella hay miles de mujeres en el mundo que no reciben reconocimiento alguno por sus labores y el esfuerzo para superarse, ser mejor cada día y cumplir con sus obligaciones.

Mi amiga, igual que yo, es una mujer trabajadora, madre y esposa.

Se dedica la diseño de interiores, pero le encanta pintar toda clase de cosas, especialmente murales hermosos que aunque se escuchen como algo sencillo, requieren de gran esfuerzo físico, así como de concentración mental y mucha creatividad, o sea, no es un trabajo sencillo.

 

 

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El día que nos encontramos estaba en medio de uno de sus trabajos y aunque el calor de ese día en particular era abrasador e insoportable, no claudicó en ningún momento. Viendo el esfuerzo físico que requería su labor comprobé de nuevo que el “sexo débil” es una mentira, y que si lo hay, no somos nosotras. 

Una mujer trabaja tanto como cualquier otra persona, en cualquiera de sus actividades. Así como hay hombres que se dedican a trabajos pesados y extenuantes, también las mujeres somos capaces de poner a prueba nuestra resistencia y dar todo de nosotras mismas. 

 

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Sin embargo, existe una gran diferencia entre las mujeres y el resto del mundo; una mujer desempeña más actividades y cumple con más roles de los que se reconoce. No solo formamos parte de la clase trabajadora, sino que también somos madres, esposas, hijas y proveedoras tanto de dinero como de afecto, cuidados y atención. 

Estas actividades que si bien son nuestras por elección, merecen tanto reconocimiento como el que recibe cualquier hombre por ser profesionista. 

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Mis pensamientos quedaron confirmados cuando mi querida amiga hizo una pausa en el trabajo para ir por su hija que estaba en clases particulares, para luego llevarla a casa, preparar la comida, ayudar a los niños con la tarea, limpiar y poner orden en el hogar y después regresar a terminar su trabajo. 

Si eso no es trabajo duro, entonces no sé qué es. El desgaste físico y mental de una mujer que cumple con estos tres papeles en su vida, es de verdad notorio. 

 

 

En mi cabeza se quedó la idea de la comparación entre hombres y mujeres, no de capacidades físicas o mentales, sino de oportunidades y pensé que si ese trabajo lo hiciera un hombre, sólo se dedicaría a trabajar.

Se tomaría un descanso para comer y encontraría la comida preparada y servida en la mesa, comida que prepararía su esposa luego de atender a los niños y cumplir con su propio trabajo. 

En ese momento pensé que mi amiga al igual que miles de mujeres salen todos los días de casa a buscar nuevas oportunidades de superación y que no por eso descuidan a sus hijos o sus matrimonios. Es más, hay mujeres que se llevan consigo a sus hijos a su lugar de trabajo, porque no tienen otra opción o porque no quieren dejarlos con alguien más. 

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Así, con un día extenuante de trabajo se le suma la carga de los hijos, la casa y por la noche se encuentran a un marido que demanda tiempo para él, y que no admite que su mujer esté cansada.

En verdad que mantener una familia unida cuando se trabaja es un acción titánica que pocos hombres valoran y es una proeza que deberíamos reconocer más seguido, pero más que reconocimiento, lo que las mujeres necesitamos es encontrar un equilibrio con nuestra pareja para que ambos podamos cumplir con nuestras responsabilidades dentro y fuera de casa.

No por ser mujeres tenemos que renunciar a nuestro sueño de ser madres o de ser profesionistas, pero necesitamos apoyo de parte de la persona que está a nuestro lado. 

Creo que es importante que las mujeres que lean esto sepan que no están obligadas a tomar toda la carga de una responsabilidad que corresponde a dos personas. El matrimonio y los hijos no son tareas que las mujeres deban cumplir en solitario, solo porque así lo dicta la tradición histórica de la sumisión, sino que debería ser un trabajo compartido con la persona que amas, ya que ser esposa no es sinónimo de “sirvienta”, sino de compañero. 

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